Rosarium

Misterios Luminosos

Bartolomé Esteban Murillo, The Baptism of Christ
Bartolomé Esteban Murillo · The Baptism of Christ, c. 1655 · Gemäldegalerie, Berlin · Public domain

Se rezan los jueves

Rosarium Virginis Mariae, 38

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Primer Misterio LuminosoEl Bautismo en el Jordán

Fruto del misterio: Apertura al Espíritu Santo

Escritura · Mt 3, 11–17

Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí, es más poderoso que yo, y no soy yo digno siquiera de llevarle las sandalias: él es quien ha de bautizaros en el Espíritu Santo, y en el fuego. Él tiene en sus manos el bieldo; y limpiará perfectamente su era: y su trigo le meterá en el granero, mas las pajas quemarálas en un fuego inextinguible. Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan, para ser de él bautizado. Juan empero se resistía a ello, diciendo: ¿Yo debo ser bautizado de ti, y tú vienes a mí? A lo cual respondió Jesús, diciendo: Déjame hacer ahora; que así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia. Juan entonces condescendió con él. Bautizado pues Jesús, al instante que salió del agua, se le abrieron los cielos, y vio bajar al Espíritu de Dios a manera de paloma, y posar sobre él. Y oyóse una voz del cielo que decía: Este es mi querido Hijo, en quien tengo puesta toda mi complacencia.

Mt 3, 11–17 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Bajemos a la orilla del Jordán. Muchedumbres de pecadores entran en el río confesando sus pecados. Entre ellos, sin llamar la atención, está Jesús, esperando su turno. Juan se resiste, pero Jesús insiste: Él, el «inocente que se hace “pecado” por nosotros», desciende con nosotros a las aguas. Al salir, se abren los cielos, el Espíritu baja como paloma y la voz del Padre lo proclama Hijo amado. Aquí se revela la Trinidad y se anuncia nuestro propio Bautismo: también nosotros fuimos sumergidos en esas aguas y llamados amados. Pidamos estar abiertos al Espíritu Santo, que sigue descendiendo con suavidad sobre quienes esperan su turno con humildad.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 21

Contempla: ¿Hacia dónde quiere moverme el Espíritu Santo, y dónde me resisto?

Por este misterio, pidamos la gracia de la apertura al Espíritu Santo.

Segundo Misterio LuminosoLas bodas de Caná

Bartolomé Esteban Murillo, The Marriage Feast at Cana
Bartolomé Esteban Murillo · The Marriage Feast at Cana, c. 1672 · The Barber Institute of Fine Arts, Birmingham · Public domain

Fruto del misterio: A Jesús por María

Escritura · Jn 2, 1–11

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, donde se hallaba la madre de Jesús. Fue también convidado a las bodas Jesús con sus discípulos. Y como viniese a faltar el vino, dijo a Jesús su madre: No tienen vino. Respondióle Jesús: Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? aun no es llegada mi hora. Dijo entonces su madre a los sirvientes: Haced lo que él os dirá. Estaban allí seis hidrias de piedra, destinadas para las purificaciones de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaras. Díjoles Jesús: Llenad de agua aquellas hidrias. Y llenáronlas hasta arriba. Díceles después Jesús: Sacad ahora en algún vaso, y llevadle al maestresala. Hiciéronlo así. Apenas probó el maestresala el agua convertida en vino, como él no sabía de dónde era, bien que lo sabían los sirvientes que la habían sacado; llamó al esposo, y le dijo: Todos sirven al principio el vino mejor; y cuando los convidados han bebido ya a satisfacción, sacan el más flojo: tú al contrario has reservado el buen vino para lo último. Así en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros, con que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron más en él.

Jn 2, 1–11 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Imaginemos una boda de pueblo: música, danzas, familias apiñadas en un patio, sirvientes que van y vienen. De pronto, un apuro silencioso: se ha acabado el vino. María lo advierte antes que nadie. No manda ni se queja; simplemente dice a su Hijo: «No tienen vino». Luego se vuelve a los sirvientes con lo que san Juan Pablo II llamó su «gran invitación materna»: «Haced lo que él os dirá». Seis tinajas de agua se convierten en el mejor vino, y los discípulos creen. María siempre aparta la mirada de sí misma y la dirige a Jesús. Llevémosle nuestro propio vacío y confiemos en que nos conduzca a Él, dispuestos a hacer lo que nos diga.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 21

Contempla: ¿Qué me está pidiendo Jesús que haga, y yo sigo aplazando?

Por este misterio, pidamos la gracia de ir a Jesús por María.

Tercer Misterio LuminosoEl anuncio del Reino de Dios

Claude Lorrain, The Sermon on the Mount
Claude Lorrain · The Sermon on the Mount, c. 1656 · The Frick Collection, New York · Public domain

Fruto del misterio: Conversión

Escritura · Mc 1, 14–20

Pero después que Juan fue puesto en la cárcel, vino Jesús a la alta Galilea, predicando el Evangelio del reino de Dios, y diciendo: Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: haced penitencia, y creed al Evangelio. En esto, pasando por la ribera del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes al mar (pues eran pescadores), y díjoles Jesús: Seguidme, y yo haré que vengáis a ser pescadores de hombres. Y ellos prontamente abandonadas las redes, le siguieron. Habiendo pasado un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, ambos asimismo en la barca componiendo las redes. Llamólos luego; y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de él.

Mc 1, 14–20 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Caminemos por la orilla de Galilea al amanecer. Unos pescadores echan y remiendan sus redes, como cualquier otro día. Jesús pasa, y su voz rompe la rutina: «Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: haced penitencia, y creed al Evangelio». Simón y Andrés dejan al instante las redes; Santiago y Juan dejan incluso a su padre en la barca. El Reino no es una idea lejana: ha llegado en la persona de Jesús, y pide la conversión del corazón entero. Él perdona a todos los que se acercan a Él «con humilde fe». Pidamos una verdadera conversión, y el valor de dejar atrás nuestras redes.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 21

Contempla: ¿Qué red debo dejar atrás para seguir a Jesús con más libertad?

Por este misterio, pidamos la gracia de la conversión.

Cuarto Misterio LuminosoLa Transfiguración

Raphael, The Transfiguration
Raphael · The Transfiguration, 1518–1520 · Pinacoteca Vaticana, Vatican City · CC BY 2.0 (photo: Richard Mortel)

Fruto del misterio: Deseo de santidad

Escritura · Mt 17, 1–9

Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan su hermano, y subiendo con ellos solos a un alto monte, se trasfiguró en su presencia. De modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la nieve. Y al mismo tiempo les aparecieron Moisés y Elías, conversando con él de lo que debía padecer en Jerusalem. Entonces Pedro tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí: si te parece, formemos aquí tres pabellones, uno para ti, otro para Moisés, y otro para Elías. Todavía estaba Pedro hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos. Y al mismo instante resonó desde la nube una voz que decía: Este es mi querido Hijo, en quien tengo todas mis complacencias: a él habéis de escuchar. A cuya voz los discípulos cayeron sobre su rostro en tierra, y quedaron poseídos de un grande espanto. Mas Jesús se llegó a ellos, los tocó, y les dijo: Levantaos, y no tengáis miedo. Y alzando los ojos, no vieron a nadie sino a solo Jesús. Y al bajar del monte, les puso Jesús precepto, diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto, hasta tanto que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Mt 17, 1–9 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Subamos con Pedro, Santiago y Juan al monte alto, sin aliento, mientras la llanura queda abajo. De pronto Jesús se transfigura ante ellos: su rostro resplandece como el sol, sus vestidos se vuelven blancos como la nieve. Moisés y Elías conversan con Él. Pedro, desbordado, quiere levantar tiendas y quedarse. Entonces una nube luminosa los cubre y el Padre habla: «Este es mi querido Hijo… a él habéis de escuchar». Es el «misterio de luz por excelencia»: la gloria escondida en Jesús resplandece para fortalecer a los discípulos ante la Cruz. Al alzar los ojos, solo ven a Jesús. Pidamos un hondo deseo de santidad: escucharlo y dejarnos transformar a su imagen.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 21

Contempla: ¿Qué cambiaría si hoy escuchara de verdad a Jesús?

Por este misterio, pidamos la gracia del deseo de santidad.

Quinto Misterio LuminosoLa Institución de la Eucaristía

Juan de Juanes, The Last Supper
Juan de Juanes · The Last Supper, c. 1562 · Museo del Prado, Madrid · Public domain

Fruto del misterio: Adoración

Escritura · Lc 22, 14–20

Llegada la hora de la cena, púsose a la mesa con los doce apóstoles, y les dijo: Ardientemente he deseado comer este cordero pascual, o celebrar esta Pascua, con vosotros, antes de mi pasión. Porque yo os digo, que ya no le comeré otra vez, hasta que la Pascua tenga su cumplimiento en el reino de Dios. Y tomando el cáliz dio gracias a Dios, y dijo: Tomad, y distribuidle entre vosotros; porque os aseguro que ya no beberé del zumo de la vid, hasta que llegue el reino de Dios. Después de acabada la cena tomó el pan, dio de nuevo gracias, le partió, y diósele, diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros: haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz, después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derramará por vosotros.

Lc 22, 14–20 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Entremos en el cenáculo al caer la tarde. Las lámparas están encendidas, la mesa preparada para la Pascua, y los Doce se reclinan en torno al Maestro. Jesús les dice cuánto ha deseado celebrar esta Pascua con ellos. Luego toma el pan, da gracias, lo parte: «Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros». Toma el cáliz: «la nueva alianza sellada con mi sangre». Aquí Cristo se hace alimento y da testimonio de su amor por nosotros «hasta el extremo». Lo que sucederá en la Cruz se ofrece en esta mesa, y permanece con nosotros en cada Misa. Pidamos la gracia de la adoración: arrodillarnos ante este don en silencio, asombro y gratitud.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 21

Contempla: ¿Cómo recibo a Jesús cuando Él se me entrega?

Por este misterio, pidamos la gracia de la adoración.

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