Orígenes
El nacimiento de los misterios
Siglos XV-XVI

Los primeros «Salterios de María» eran simples repeticiones; la meditación llegó después. Hacia 1410, Domingo de Prusia, monje de la cartuja de Tréveris, añadió una breve frase a cada una de cincuenta avemarías, evocando en cada una un momento de la vida de Jesús y de María. Se multiplicaron otras versiones, con cincuenta, 150 o aún más «cláusulas», y el saludo repetido se convirtió poco a poco en una meditación del Evangelio.

Estas numerosas cláusulas se reunieron poco a poco en quince escenas: cinco gozosas, cinco dolorosas y cinco gloriosas. Los libros impresos del Rosario con grabados, como el del dominico veneciano Alberto da Castello en 1521, ayudaron a fijarlas en la memoria popular. Los pintores siguieron el mismo camino. En este retablo de Guido Reni, en el santuario de San Luca de Bolonia, los quince misterios aparecen como pequeños medallones bajo la aparición de la Virgen a santo Domingo.

En 1569 el papa dominico san Pío V, en la bula Consueverunt Romani Pontifices, describió y aprobó el Rosario tal como entonces se rezaba: 150 avemarías en quince decenas, cada una precedida de un padrenuestro, unidas a la meditación de la vida de Cristo. Esta fue la forma común durante más de cuatro siglos, hasta que san Juan Pablo II propuso en 2002 cinco nuevos Misterios Luminosos.