Rosarium

Misterios Gloriosos

Bartolomé Esteban Murillo, The Resurrection of the Lord
Bartolomé Esteban Murillo · The Resurrection of the Lord, c. 1650 · Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid · Public domain

Se rezan los domingo y miércoles

Rosarium Virginis Mariae, 38

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Primer Misterio GloriosoLa Resurrección del Señor

Fruto del misterio: Fe

Escritura · Mt 28, 1–10

Avanzada ya la noche del sábado, al amanecer el primer día de la semana o domingo, vino María Magdalena, con la otra María, a visitar el sepulcro. A este tiempo se sintió un gran terremoto, porque bajó del cielo un ángel del Señor; y llegándose al sepulcro removió la piedra, y sentóse encima. Su semblante brillaba como el relámpago, y era su vestidura blanca como la nieve. De lo cual quedaron los guardas tan aterrados, que estaban como muertos. Mas el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: Vosotras no tenéis que temer; que bien sé que venís en busca de Jesús, que fue crucificado: ya no está aquí, porque ha resucitado, según predijo. Venid, y mirad el lugar donde estaba sepultado el Señor. Y ahora id sin deteneros a decir a sus discípulos que ha resucitado; y he aquí que va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis: ya os lo prevengo de antemano. Ellas salieron al instante del sepulcro con miedo y con gozo grande, y fueron corriendo a dar la nueva a los discípulos. Cuando he aquí que Jesús les sale al encuentro, diciendo: Dios os guarde; y acercándose ellas, postradas en tierra, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dice: No temáis: id, avisad a mis hermanos para que vayan a Galilea, que allí me verán.

Mt 28, 1–10 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Vayamos con las mujeres al sepulcro con la primera luz, cargando nuestra pena junto con los aromas. La tierra tiembla; la piedra ha sido removida; un ángel está sentado sobre ella, con semblante como el relámpago. Los guardas quedan como muertos, pero a las mujeres les dice: «Vosotras no tenéis que temer… ya no está aquí, porque ha resucitado». Ellas corren con miedo y con gozo grande, y en el camino el mismo Jesús les sale al encuentro. La muerte no ha tenido la última palabra. No nos quedamos en la Cruz: «¡Él es el Resucitado!». Pidamos una fe viva que corra a anunciarlo y lo busque en cada amanecer.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 23

Contempla: ¿Dónde sigo buscando entre los muertos al que vive?

Por este misterio, pidamos la gracia de la fe.

Segundo Misterio GloriosoLa Ascensión del Señor

Rembrandt van Rijn, The Ascension of Christ
Rembrandt van Rijn · The Ascension of Christ, 1636 · Alte Pinakothek, Munich · Public domain

Fruto del misterio: Esperanza

Escritura · Hch 1, 3–11

A los cuales se había manifestado también después de su pasión, dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles en el espacio de cuarenta días, y hablándoles de las cosas tocantes al reino de Dios. Y por último, comiendo con ellos, les mandó que no partiesen de Jerusalem, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, la cual (dijo) oísteis de mi boca; y es, que Juan bautizó con el agua, mas vosotros habéis de ser bautizados o bañados en el Espíritu Santo dentro de pocos días. Entonces los que se hallaban presentes, le hicieron esta pregunta: Señor, ¿si será este el tiempo en que has de restituir el reino a Israel? A lo cual respondió Jesús: No os corresponde a vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el Padre reservados a su poder soberano: recibiréis, sí, la virtud del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y me serviréis de testigos en Jerusalem, y en toda la Judea y Samaria, y hasta el cabo del mundo. Dicho esto, se fue elevando a vista de ellos por los aires, hasta que una nube le encubrió a sus ojos. Y estando atentos a mirar cómo iba subiéndose al cielo, he aquí que aparecieron cerca de ellos dos personajes con vestiduras blancas, los cuales les dijeron: Varones de Galilea, ¿por qué estáis ahí parados mirando al cielo? Este Jesús, que separándose de vosotros se ha subido al cielo, vendrá de la misma suerte que le acabáis de ver subir allá.

Hch 1, 3–11 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Estemos con los apóstoles en el monte de los Olivos, cuarenta días después de la Pascua. Jesús ha comido con ellos, los ha instruido y les ha prometido el Espíritu Santo. Ahora les dice que serán sus testigos hasta el cabo del mundo. Mientras lo miran, se eleva, y una nube lo oculta a sus ojos. Siguen mirando hacia arriba, hasta que dos hombres vestidos de blanco les preguntan por qué están mirando al cielo. Jesús no nos ha dejado atrás: nuestra humanidad ha entrado en el cielo con Él, y adonde ha ido la Cabeza, el Cuerpo espera seguirla. Pidamos la esperanza, que mantiene los ojos en el cielo y los pies en la misión.

Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 666

Contempla: ¿Muestran mis decisiones de cada día que espero el cielo?

Por este misterio, pidamos la gracia de la esperanza.

Tercer Misterio GloriosoLa Venida del Espíritu Santo

Juan Bautista Maíno, Pentecost
Juan Bautista Maíno · Pentecost, 1620–1625 · Museo del Prado, Madrid · Public domain

Fruto del misterio: Amor a Dios

Escritura · Hch 2, 1–11

Al cumplirse pues los días de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar, cuando de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento impetuoso que soplaba, y llenó toda la casa donde estaban. Al mismo tiempo vieron aparecer unas como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos: entonces fueron llenados todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas las palabras que el Espíritu Santo ponía en su boca. Había a la sazón en Jerusalem judíos piadosos y temerosos de Dios, de todas las naciones del mundo. Divulgado pues este suceso, acudió una gran multitud de ellos, y quedaron atónitos, al ver que cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua. Así pasmados todos y maravillados, se decían unos a otros: ¿Por ventura estos que hablan, no son todos galileos, rudos e ignorantes? ¿pues cómo es que los oímos cada uno de nosotros hablar nuestra lengua nativa? Partos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea, y de Capadocia, del Ponto, y del Asia, los de Frigia, de Panfilia, y del Egipto, los de la Libia, confinante con Cyrene, y los que han venido de Roma, tanto judíos como prosélitos, los cretenses y los árabes, los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.

Hch 2, 1–11 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Entremos en la sala alta donde los discípulos perseveran en oración, y María con ellos. De repente, un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llena toda la casa. Unas como lenguas de fuego se posan sobre cada uno, y quedan llenos del Espíritu Santo. Se abren las puertas; hombres temerosos se vuelven testigos valientes, y gentes de todas las naciones oyen en su propia lengua las maravillas de Dios. Aquí la Iglesia aparece como «una familia reunida con María», encendida por el Espíritu. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Pidamos que este fuego arda en nosotros, para que amemos a Dios sobre todas las cosas.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 23

Contempla: ¿Cómo sería hoy amar a Dios sobre todas las cosas?

Por este misterio, pidamos la gracia del amor a Dios.

Cuarto Misterio GloriosoLa Asunción de María

Bartolomé Esteban Murillo, The Assumption of the Virgin
Bartolomé Esteban Murillo · The Assumption of the Virgin, c. 1670 · Public domain

Fruto del misterio: Gracia de una buena muerte

Escritura · Lc 1, 46–55

Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está trasportado de gozo en el Dios salvador mío. Porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo; y cuya misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Hizo alarde del poder de su brazo: deshizo las miras del corazón de los soberbios. Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, acogió a Israel su siervo; según la promesa que hizo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia por los siglos de los siglos.

Lc 1, 46–55 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Imaginemos los últimos días de la vida terrena de María, en oración silenciosa entre los discípulos. La que llevó al Verbo y estuvo al pie de la Cruz termina ahora su camino. Dios no permite que el cuerpo que dio a luz a su Hijo conozca la corrupción: es elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. En ella vislumbramos de antemano «el destino reservado a todos los justos». El Arca de la alianza aparece en el templo del cielo; la mujer está vestida del sol. La muerte no es el final, sino un paso hacia la casa del Padre. Pidamos la gracia de una buena muerte: morir en la amistad de Dios, con María a nuestro lado.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 23

Contempla: Si Dios me llamara hoy, ¿tendría el corazón preparado?

Por este misterio, pidamos la gracia de una buena muerte.

Quinto Misterio GloriosoLa Coronación de María

Diego Velázquez, The Coronation of the Virgin
Diego Velázquez · The Coronation of the Virgin, c. 1635 · Museo del Prado, Madrid · Public domain

Fruto del misterio: Confianza en María

Escritura · Ap 12, 1–6

En esto, apareció un gran prodigio en el cielo: Una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas: y estando encinta, gritaba con ansias de parir, y sufría dolores de parto. Al mismo tiempo se vio en el cielo otro portento; y era un dragón descomunal bermejo con siete cabezas y diez cuernos; y en las cabezas tenía siete diademas; y su cola traía arrastrando la tercera parte de las estrellas del cielo, y arrojólas a la tierra: este dragón se puso delante de la mujer, que estaba para parir, a fin de tragarse al hijo, luego que ella le hubiese dado a luz. En esto parió un hijo varón, el cual había de regir todas las naciones con cetro de hierro; y este hijo fue arrebatado para Dios, y para su solio; y la mujer huyó al desierto, donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por espacio de mil doscientos y sesenta días.

Ap 12, 1–6 · Biblia Torres Amat (1823–25; ed. 1836)

Meditación

Alcemos los ojos al cielo y contemplemos el gran prodigio: una mujer vestida del sol, la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas. La humilde esclava de Nazaret es coronada por su Hijo y resplandece como «Reina de los Ángeles y los Santos». Su corona no la aleja de nosotros, sino que la acerca. Todo su poder es interceder, y toda su gloria es para sus hijos. Como Judit, es bendita sobre todas las mujeres, porque por ella el Señor obró la salvación. Pidamos una confianza filial en María: poner en sus manos cada necesidad, con la certeza de que nos lleva a Jesús.

Cf. Rosarium Virginis Mariae, 23

Contempla: ¿Qué preocupación puedo poner ahora mismo en las manos de María?

Por este misterio, pidamos la gracia de la confianza en María.

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